miércoles, 16 de enero de 2008

El Código Da Vinci y el danbrownismo

Imagen El mundo está viviendo una nueva Guerra Fría. El antiguo Telón de Acero ha vuelto a dividir a la humanidad entre los detractores y los seguidores del nuevo gurú Dan Brown. Hace varias décadas el historiador norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama lo anunció a los cuatro vientos: “se ha producido el fin de la Historia y el nacimiento del último hombre”, Robert Langdon.
Estamos apunto de sufrir una nuevo asalto de danbrownismo. Pero, ¿Quién es Dan Brown? Empecemos por el principio. Dan Brown se presenta como el hijo de un ilustre matemático y una compositora de música sacra. Profesor de inglés y casado, ha dividido su tiempo entre sus clases y la escritura de sus novelas. Poco más se conoce del nuevo creador del danbrownismo. Pero, ¿Qué es el danbrownismo? El danbrownismo no es una teoría nueva, más bien es la suma de varias teorías viejas puestas al alcance de un público poco acostumbrado a cuestionarse las cosas que lee o ve en los medios de comunicación. El danbrownismo defiende una concepción individualista del ser humano, en el que su héroe, Robert Langdon, es una mezcla de erudito y hombre de acción. Experto en simbología y conocedor de todos “los misterios de la humanidad”, con la respuesta precisa y un carácter atrayente. Robert Langdon representa al humanista, que tras una fina capa de racionalidad esconde una credulidad infantil. El hombre postmoderno en el que el infantilismo y la gravedad erudita se mezclan hasta formar el superhombre cacareado por Nietzche; hasta que el discurso del danbrownismo y el de Nietzche se confunden en las palabras de este último: “Solo nosotros los espíritus que nos hemos liberado estamos en condiciones de entender lo que durante diecinueve siglos se ha interpretado mal…La Iglesia ha sido edificada sobre la base de una oposición radical al evangelio…El evangelio murió en la cruz”.
La “gran mentira del cristianismo” escondida durante siglo ha sido por fin revelada, proclama la “nueva teoría”. El danbrownismo ha reavivado el antiguo discurso de la Nueva Era y lo ha extendido entre un gran público habido de preguntas, pero con una limitada capacidad de crítica. Los lectores, totalmente fascinados como la propia Sophie, escuchan en el capítulo 55 del libro la “fantástica” historia del Grial. Cuando el profesor Sir Leigh le pregunta a Sophie qué sabe del Nuevo Testamento, esta responde que nada. Volviendo a representar al lector medio de la novela. Entonces, el erudito Sir Leigh resume toda la teología en esta escueta frase: “Todo lo que nos hace falta saber sobre este libro, “la Biblia”, puede resumirse con las palabras del gran doctor en derecho canónico Martín Percy, “la Biblia no nos llegó impuesta desde el cielo”. Entonces, la inocente Sophie, recibe la gran revelación: “La Biblia es un producto del hombre, querida. No de Dios”. Ante las sorprendentes “revelaciones” de Sir Leigh, Sophie sigue la locuaz explicación del sabio, que le hace en dos frases la descripción de la historia de la humanidad, la figura de Jesús y una tesis descabellada sobre la elección de los evangelios por medio del emperador Constantino. Pero lo más curioso de la escena, no son las numerosas incorrecciones históricas; lo que realmente sorprende es la credulidad de Sophie y su pequeño aparato crítico. El danbrownismo mezcla ficción y realidad hasta el punto de confundir donde empieza una y termina otra. Sophie, que representa al lector medio, asume toda la información y la asimila con rapidez sin llegar nunca a cuestionarla. La última escena es arto significativa; Langdon cae postrado de rodillas ente María Magdalena, que representa a la divinidad femenina perdida. El hombre racional sucumbe ante el canto de sirena de un nuevo paganismo. De rodillas, postrado ante su nuevo ídolo, Langdon le rinde su último homenaje.
Mario Escobar

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